¿Cómo gestionar el móvil de los hijos en casa? Ideas para reconducir el conflicto

En plena polémica educativa por prohibir o permitir los móviles en las aulas, muchos especialistas coinciden en que el problema no está tanto en la escuela sino en casa. Psicólogos, divulgadores y directores escolares animan a los padres y madres a enfrentarse a la realidad e inculcar a sus hijos e hijas un buen uso de la tecnología. En su opinión, no hay que delegar todas las responsabilidades educativas en colegios e institutos. ¿Cómo lidiar con el toro de Miura que suponen las pantallas? Hay recetas teóricas básicas, pero la realidad es que «cada familia hace lo puede».

Coordinación entre colegios y familias

Rosa Martín, madre de una alumna de 12 años que este año se estrena en el instituto, afirma que el “sentido común” le dicta retrasar lo máximo posible el primer móvil. “No lo necesita”, insiste. Por suerte, las mejores amigas de su hija tampoco lo tienen, lo cual le ha facilitado las cosas. Rosa, sin embargo, no comprende que el instituto -ubicado en Madrid- vete los móviles personales y, sin embargo, haya docentes que incentiven su uso. “El profesor de educación física les preguntó el primer día cuántos tenían ‘smartphone’. Todos, menos unos ocho, levantaron la mano. Él usa una aplicación para registrar la actividad física de los chavales. No entiendo que la dirección del centro prohíba los teléfonos y, por otro lado, haya maestros que los reclamen para un uso que, además, no creo que sea el más adecuado. ¿De verdad hay que tener una aplicación para saber el número de abdominales que haces?», se lamenta Rosa, que pide mayor colaboración entre las familias y el instituto.

Probar con fórmulas nuevas

Raquel March, que también es madre de una niña que este año ha comenzado 1º de la ESO en Catalunya, reconoce que el “mandato familiar no escrito” de que todos los niños comiencen la secundaria con un móvil de su propiedad “se está agrietando”. Su hija no lo tiene, al igual que una generosa cantidad de compañeros de su clase. La situación está siendo radicalmente diferente a la que vivió con su hijo mayor, que ahora tiene 17 años. “Cuando entró en el instituto, era el único chaval sin móvil. Yo me negaba a dárselo, pero era insostenible. Perdí la batalla y al cabo de tres meses se lo compré. Lo intenté gestionar y fracasé. Me encontré muy sola. Toda la sociedad, desde los gobiernos hasta las instituciones, abren la puerta a la tecnología y nos dejan a las familias bastante tiradas. Todo el entorno es rabiosamente favorable a la tecnología y, durante todo este tiempo, es indudable que el móvil se ha convertido en el principal conflicto en casa». Ahora, años después, Raquel está probando una fórmula nueva que no suponga el aislamiento de la niña ni tampoco que disponga de un ‘smartphone’ propio. Así, por ejemplo, la niña puede usar su móvil -o el ordenador de casa- para tener chats con su pandilla y utilizar algunas aplicaciones, siempre bajo su supervisión.

Pautas y políticas públicas

Lidón Gasull, directora de Affac (Associacions Federades de Famílies d’Alumnes de Catalunya), subraya que todos los padres y las madres intentan hacer lo mejor para sus hijos e hijas, incluido todo lo que tiene que ver con la tecnología. “Hacemos lo que podemos. Muchas veces nos critican, pero es que o no sabemos o no podemos hacerlo mejor”, explica Gasull, que pide a las administraciones políticas públicas dirigidas a la familia en el ámbito de la digitalización. La responsable de Affac también reclama que las autoridades, con la UE a la cabeza, ponga límites a las grandes tecnológicas.

Límites claros y retrasar el primer ‘smartphone’

Diego Hidalgo, autor del revelador ensayo ‘Anestesiados. La humanidad bajo el imperio de la tecnología’, recomienda a los padres retrasar “al máximo” el primer móvil de los hijos. El divulgador invita a las familias a marcar límites claros, en función de la edad de los hijos. Una de esas líneas rojas es la de no permitir que usen solos en su dormitorio el dispositivo, así como limitar las franjas de tiempo de conexión digital. También es importante el tipo de actividad. “No es lo mismo jugar a un videojuego violento o estar viendo vídeos uno tras otro que utilizar un programa creativo en un ordenador para componer música, o jugar al ajedrez con un amigo de manera online”, explica.

Roger Ballescà, psicólogo especializado en salud mental infantil y juvenil, pide a las familias que no esperen a que llegue la adolescencia para empezar a poner límites a la tecnología. Hay que hablar, tratar y gestionar el tema en casa desde la infancia. Mientras, Aitor Uriondo, director de la ikastola Axular Lizeoa (San Sebastián), recomienda a los padres predicar con el ejemplo y hacer un buen uso de las pantallas. Especialmente, cuando están con sus hijos e hijas. El responsable de la ikastola considera primordial que el trabajo se haga en equipo: familias, colegios, chavales y toda la sociedad. En su centro, por ejemplo, trabajan codo a codo con una tecnopedagoga, que orienta a padres, madres, estudiantes y docentes en charlas y talleres a lo largo de todo el curso. Y sucede lo mismo que con el ‘bullying’: «cuando se detecta un problema, no se esconde. Se soluciona».