El negocio de la droga a domicilio que triunfa en Madrid: «Es tan fácil comprar cocaína como pedir una hamburguesa»

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Viernes, 20:00 horas, barrio de Malasaña. Juan abre su WhatsApp y escribe: «Necesito una ración en casa, ¿puedes?». Menos de dos minutos después, la persona al otro lado responde: «Sí, tardaré 35 minutos. Te avisaré al llegar». Con puntualidad suiza, a las 20:31, Juan recibe otro mensaje: «Baja que ya estoy». Al descender las escaleras y abrir el portal, una chica de veintipocos a la que nunca ha visto espera junto a un ciclomotor que lleva adosado un cajón de repartidor de comida a domicilio. Aparentemente, se trata de una rider que le espeta un dubitativo: «Juan?». Tras recibir una respuesta afirmativa, intercambian sutilmente una bolsita de un grumoso polvo blanco por 60 euros.

Jueves, cerca de las 2 de la madrugada. «Necesito 1/2 chicken. ¿Puedes traértelo a Moncloa?», escribe Jéssica, una joven universitaria de 22 años, a un contacto con el nombre de TelePollo. Pocos minutos después, al igual que en el caso de Juan, la persona al otro lado del teléfono responde: «Por medio gramo no me muevo a estas horas». Ella se apresura: «¿Y por uno entero?». «Por uno sí, pero hoy son 80 euros, porque me haces salir de casa para esto». Al rato, un joven bien vestido en un coche familiar de alta gama se detiene en el punto acordado donde se realiza el intercambio.

Dos entregas y dos modelos de negocio. El primero, alguien que forma parte de una organización. El segundo, un autónomo que trabaja por su cuenta. Pero ambos ilustran una dinámica minorista de compraventa de drogas que, desde la irrupción de la pandemia del Covid-19, ha venido creciendo con fuerza en Madrid pese a las operaciones de las autoridades para desarticular estas bandas de TeleCoca -también conocidas en argot como TelePollo o TeleCamello-, como la llevada a cabo a principios de esta semana por la Policía Nacional en la capital.

«El mundo del tráfico y menudeo de drogas imita al comercio legal. En los últimos años hemos visto el auge de las compras por Internet y de la entrega de comida a domicilio, ¿no? Pues con las drogas pasa lo mismo», cuentan a GRAN MADRID fuentes policiales. «Me gustaría decir que con el tema de las drogas es más complicado», apuntan con resignación, «pero es casi igual de fácil pedir MDMA por Internet que comprarse unas deportivas o, en medio de una fiesta, hacer que te lleven a casa un gramo de cocaína en unos minutos con la misma facilidad con que puedes pedir una hamburguesa».

Sin querer mencionar nombres de grandes empresas, el agente alude a cómo el tráfico de drogas viene imitando a grandes multinacionales de éxito como Glovo, en el caso de los TeleCoca, o a Amazon, en el caso de aquellos que compran drogas a través de Internet en la conocida como Dark Web.

De hecho, según un estudio publicado este año por Energy Control, el 17,5% del MDMA que se compra en España se hace a través del conocido como Internet Profundo o Internet Oscuro. Una cuota de mercado que se ha triplicado en menos de un lustro gracias a la proliferación de páginas web que, copiando a Amazon o Aliexpress, ofrecen envíos de drogas a unos precios casi siempre inferiores a los servicios de TeleCamello -donde, a imitación del sector de las VTCs, el precio varía en función de la hora y la demanda con montantes que oscilan entre los 60 y los 80 euros por un gramo de cocaína- y, en muchas ocasiones, a los de un traficante que despacha en un narcopiso.

«Depende de lo que quieras pillar. Por ejemplo, comprar porros por Internet es un timo», cuenta P. (pide ser identificado solo por su inicial), un ex traficante de treintaymuchos que abandonó los trapicheos tras dar con sus huesos en Soto del Real. Debido a la proximidad con Marruecos, al cultivo nacional y a la gran cantidad de stock disponible, Madrid es una región exportadora gracias a algunos vendedores de marihuana a través de Internet que se sirven de los servicios de correo y mensajería, como hacía una organización criminal de origen chino desmantelada a principios de octubre, con destinos tan lejanos como Dubai o Finlandia.

En este sentido, autoridades de terceros países como Rusia han llegado incluso a encontrar paquetes con remitente español y marihuana camuflada con destinos tan lejanos como pueblos en Siberia.

«Para el mercado español, el precio de la farlopa por Internet depende de la cantidad que compres, pero si quieres MDMA, píldoras, LSD o movidas así, sale baratísimo», desarrolla P. «Además», prosigue, «si eres un poco listo no hay riesgo de que te timen porque los vendedores de las principales webs tienen puntuaciones, reseñas y esas cosas», añade.

Página web de venta de droga a través de internet.E.M.

Los traficantes que envían la droga por correo a España habitualmente se encuentran afincados en Países Bajos, Alemania o Reino Unido. Para hacer llegar sus mercancías, emplean toda clase de artimañas para camuflar los envíos con destino Madrid. «Los vendedores pueden ocultar sus productos en artículos como mecheros, caramelos o envases de café escondidos en el contenido original. También se utilizan recipientes con compartimentos secretos y productos camuflados como pastillas de éxtasis disfrazadas y etiquetadas como medicina para perros o cartoncillos de LSD declarados como tarjetas SIM de teléfonos móviles», detalla uno de los marketplaces de venta de drogas más populares de la Dark Web.

En Madrid, algunos compradores optan por este sistema para probar, atraídos por los precios o por la gran variedad de sustancias disponibles en una sola web. Sin embargo, según P., también existen otras ventajas: «Se reduce la violencia que hay en torno a este negocio. Tanto entre dealers como hacia los clientes: no te van a dar el palo por ir a un barrio chungo a pillar, ni el camello se va a fijar que vives en una zona pija para robarte, como les pasa a los que compran por las apps de maricas…».

Algunas apps de citas enfocadas al público LGTBI -como Grindr o Scruff– funcionaron en España como «precursores de lo que hoy conocemos como TeleCoca», cuentan fuentes policiales. «En perfiles aparentemente para ligar se usan códigos como fiesta para referirse a que el usuario es un traficante», explican. «A día de hoy, estas apps se siguen empleando como primer contacto entre traficante y comprador, pero lo normal es que, si la relación se prolonga en el tiempo, el canal de comunicación cambie a WhatsApp o Instagram, pasando al modelo de negocio de TeleCoca, detrás del que puede haber una sola persona o una organización criminal», detallan.

En este sentido, consumidores, vendedores y agentes de la capital coinciden en sus vaticinios de que estas formas de venta y distribución, a imitación de Amazon, Uber, Glovo o Aliexpress, seguirán aumentando con el tiempo. Una predicción apuntalada por los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, que muestran cómo el volumen de este negocio ilícito -que en 2022 se cobró más de 200 vidas solo en la Comunidad de Madrid- creció el pasado año de los 7.434 millones de euros hasta los 8.222 en nuestro país.