un delegado salva la vida a un futbolista de 15 años

José Ortega ejerce desde hace solo dos años como delegado del Reino de Granada, un modesto club con afán formativo, aunque lleva toda su vida vinculado al mundo del balón, primero como futbolista y después como entrenador. El gusanillo de la pelota se mantiene con el paso de los años y, además de la labor que realiza cada fin de semana ayudando desde la banda, también disfruta viendo a su hijo jugar en este conjunto granadino, donde, sin quererlo, ahora se le mira como un héroe. También la gente del Club Deportivo Regina Mundi, rival el pasado fin de semana en un partido de cadetes (14-15 años) que pudo acabar en drama si no llega a ser por la rápida intervención de José después de que un integrante de ese equipo se desplomara camino de los vestuarios. Un tremendo susto, el peor en la vida de este delegado anónimo, que recuerda emocionado, y aún con un nudo en la garganta, en conversación telefónica con ABC.

«Cuando pienso en el chiquillo, en su cara, se me caen las lágrimas. Con el paso de las horas cada vez me doy más cuenta de lo que pudo pasar y me emociono», se sincera, interrumpiendo por unos segundos la conversación para tragar saliva. «Perdone», se disculpa con la voz entrecortada. La actuación de José Ortega cuando el jugador se desplomaba en el entretiempo del encuentro del Grupo I de la Tercera Andaluza cadete resultó decisiva para evitar una tragedia. El delegado del Reino de Granada vuelve a emocionarse al recordar y explicar cómo vivió esos angustiosos minutos. También cómo empezaba el partido.

«Se guardó un minuto de silencio y yo pensé que era por el juvenil del Córdoba que apareció muerto en la estación del AVE de Sevilla», afirma antes desvelar el macabro descubrimiento que le esperaba después de salvar la vida al rival de su equipo, de 15 años. «Cuando se lo llevaron al hospital me enteré de que el padre del chaval al que atendimos había perdido hace muy pocos días a su padre por un problema de corazón. El minuto de silencio era por él». Una confesión que deja helado.

Cursillos laborales

Sin quererlo, el delegado granadino se convirtió en héroe improvisado. «En el descanso, camino de los vestuarios, el chaval se desplomó cuando iba hablando con nuestro entrenador. Él iba detrás mío, a unos 15 metros, pero yo no me di cuenta de que se cayó, me enteré por los gritos y las voces de la gente llamando a una ambulancia». José acudió a la carrera a la llamada de auxilio de su entrenador. «Afortunadamente, por mi trabajo he hecho cursillos de maniobras de reanimación. En el mundo del fútbol debería ser obligatorio que tanto el delegado como el entrenador de todos los equipos, del más chico al más grande, debería saber hacer este tipo de maniobras que pueden salvar una vida», asegura José, mientras vuelve a temblarle la voz.

Fueron minutos de mucha angustia los que vivieron en el Complejo Deportivo de La Chana, una instalación municipal que, afortunadamente, cuenta con desfibrilador. El colegiado del choque, José Manuel Camacho Martínez, suspendió el encuentro. «Lo primero que hice es ver si el crío tenía la lengua metida. Como no respondía a los estímulos, empecé a hacerle masajes cardiacos». Entre gritos y llantos de muchos de los presentes en el campo, un socorrista de la instalación llegó con el desfibrilador. Entre ambos, codo con codo en sus esfuerzos, consiguieron paliar la parada cardiorrespiratoria y sacar adelante al jugador del Club Deportivo Regina Mundi, que continúa ingresado en observación, aunque ya fuera de peligro.

Una actuación por la que ha sido felicitado por la Federación Andaluza de Fútbol. «La intervención de este delegado con el aparato desfibrilador fue vital para que el joven jugador salvara la vida y se recupere en estos momentos en el Hospital de Granada», escribió la RFAF en sus redes.

«Con el paso de las horas me emocionó más», afirma José Ortega, padre de un chaval de la misma edad del jugador que salvo y de una chica de 19 años. Un delegado ejemplar y un héroe, sin quererlo, del fútbol modesto.