«El tren iba a 100 km/h en un tramo con poca iluminación; imposible verlos o frenar»

Una curva cerrada, de noche, con escasa iluminación, sin vallas que protejan y aislen la infraestructura y a una velocidad de 100 kilómetros por hora que asciende a 120 km/h una vez superado el giro. Añadan la imprudencia de las víctimas mortales, por desconocimiento, por no estar familiarizados con el entorno, por las prisas, por el deseo de flirtear con lo incorrecto, por las ganas de llegar a un festival de música que llevaban tiempo esperando. Todos los elementos coincidieron la noche del domingo en la línea R3 de Rodalies, entre las paradas de Parets y Canovelles-Granollers. Como resultado, cuatro jóvenes, tres chicas y un chico de entre 19 y 22 años, murieron al ser brutalmente arrollados por un tren. Cuatro vidas truncadas y muchas otras marcadas para siempre, entre ellas, la del maquinista que en ese momento cubría el trayecto entre L’Hospitalet y Pugicerdà.

«En ese punto es absolutamente imposible frenar. Te los llevas por delante. Tienes que añadirle, además, que hay poca iluminación, y por mucho que nosotros llevemos un foco muy potente, no hay manera de reaccionar a tiempo», comparte un maquinista de Renfe que ha pasado por ahí en infinidad de ocasiones. «Si hay gente en las vías, como mucho te da tiempo de ver sombras, pero a esa velocidad no puedes evitar atropellarlos», añade. En cualquier caso, la conclusión final deberá llegar de mano de los Mossos d’Esquadra, que ya tienen abierta una investigación. En colaboración con Renfe, que se ha puesto «a disposición» de cualquier cosa que precisen las autoridades.

El recuerdo de Castelldefels

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Los chats de Whatsapp del personal de la empresa no han parado de comentar la tragedia ferroviaria, registrada a las 20.18 horas del domingo, la peor desde la verbena de 2010, cuando 12 personas murieron y otras 17 resultaron heridas al ser arrolladas por un convoy en la estación de la R2 de Castelldefels. Hay cierta unanimidad: no era habitual coincidir en este punto con gente invadiendo la infraestructura, porque está entre dos estaciones, porque hay poca cosa interesante a su alrededor, porque los trenes van muy deprisa. Pero sí hay otra máxima compartida: «En la R3 todo el mundo cruza cuando quiere y por donde quiere».

Algunos residentes en la zona, en una pequeña y peculiar urbanización sita entre el cementerio de Montmeló y un polígono industrial, aseguraban a ACN que han visto en repetidas ocasiones a personas cruzando al otro lado de las vías coincidiendo con algún acontecimiento en el circuito de carreras. De día, eso sí, que ya es de por sí una inmensa diferencia respecto a lo ocurrido la pasada noche, cuando este grupo de siete chavales atravesaron la infraestructura para atajar en su camino hacia el festival DURO, el primero de Catalunya dedicado al ‘hard techno’ y que se celebraba en el Espai Can Guitet, situado en el Camí Mas Moreneta. Estaban a escasos 500 metros de su destino, y a unos 300 metros tenían un paso a nivel subterráneo.