Sobre la cuestión de la formación personal del profesorado | Educación

Se entiende que las listas de esperanza sanitaria no son acatadas por la mejor o mala formación del personal sanitario porque la evasión fiscal no es imputable a la formación de inspectores e inspectores de vivienda. En otros casos, se supone que existen causas estructurales que supervisan las funcionales, su afán de servicio público y su dedicación. Sin embargo, cuando el tratamiento de la educación es este paralelismo, evidentemente no logra muchas cosas, aparentemente porque pone en la escuela las esperanzas de superar a todos los grandes hombres de la sociedad.

Analizar la evolución de la formación del profesorado a lo largo de las últimas décadas permite saber exactamente qué justifican las críticas del magisterio español. La mayoría de los indicadores (nota de acceso a los estudios universitarios en educación, nivel académico máximo alcanzado por el colectivo docente, años de formación, etc.) nos sitúan en el mejor momento de la historia en materia de formación del colectivo docente. Según los términos de la solicitud, las notas de acceso al grado de máster, en particular al doble grado, se vieron incrementadas por otras carreras tradicionalmente consideradas más prestigiosas como arquitectura o derecho. En el caso de maestros y maestras, existe una sola duración para los años de diplomado, debido a que en la última década y debido a la restricción de lugares de descanso para los servidores públicos, es raro que se dé el caso de nuevos aspirantes en el sector público. que no conozco una segunda carrera y/o una maestría. Respeto hacia los estudiantes de educación secundaria y aquellos que requieran el título de maestría para acceder a la misma. En cuanto a la formación continua, los profesionales de la educación son los que mayor formación continua tienen al realizar trabajos con el INE, duplicando los medios del grupo de población activa.

Entonces podemos preocuparnos porque si los indicadores parecen revelar mejores significados, hay una fuerte cuestión de formación y del fin de la profesión docente. Una de las razones está ligada a la verdad más o menos explícita de ciertos titulares noticiosos y sensacionalistas. Un decidido estilo periódico que nos permite canalizar la frustración y encontrar trabajo expiatorio a las grandes rentas a las que nos enfrentamos como sociedad. La estrategia es recurrente. Hay un problema para el que no tenemos respuesta, no sabemos cómo afrontarlo o no queremos que la sociedad soporte los costes de una política estructural. Después de eso, asumen toda la responsabilidad de la educación, como medio de resolución. Lógicamente esto no va tan bien y concluimos que los profesores no están lo suficientemente formados para afrontar este problema. Targeting, prevención de adicciones, inteligencia artificial, relación de los jóvenes con la tecnología o dificultades sociales son sólo algunos ejemplos de una lista que no permite la creación. Desde esta perspectiva, es fácil trazar una línea invisible entre el problema y la falta de formación, compromiso o motivación docente para resolverlo. Esta planta está muy bien inserta en el imaginario colectivo, pero supone una concatenación de reducciones.

Primero, cuando asumimos que la solución a un problema debe ser educativa, es obvio que la educación es una de las estrategias, pero no puede ser la única. Considerar que la educación es el único camino y que todo esto sólo se puede solucionar a través de la educación, esto genera expectativas creativas y exponenciales sobre la escuela. Entonces no hubo complacencia, con la consiguiente pérdida de reconocimiento de la institución entre quienes no lograron resolver lo que la propia sociedad, con todas sus herramientas, no podía implicar. Al final del segundo semestre, el planamiento asume que la educación es sólo académica. Se dice que los responsables de la educación son sólo los profesores. En este sentido, la educación pertenece no sólo a las familias y a las instituciones educativas, sino a toda la sociedad en su conjunto, incluida la industria, las administraciones a todos los niveles, etc. Supone que la formación docente, en cierta medida, evita los factores contextuales y materiales en los que se desarrolla la labor educativa. Es decir, los medios.

La formación continua en un mundo cambiante es impredecible, del mismo modo que la formación inicial es memorable. Es obvio que debido al cambio de la sociedad y sus exigencias, tendemos a formar profesionales. Esta confirmación no es de aplicación exclusiva a los docentes de cualquier profesión y en particular a los funcionarios públicos por la responsabilidad que les incumbe.

Sin un embargo, informar a los docentes en este sentido será algo común. Convertir la formación del docente en una solución repetida sin pensar y sin comprender sus limitaciones puede conllevar grandes riesgos. En primer lugar, contribuir a la pérdida de prestigio y confianza en la escuela como institución en un contexto de gran cuestionamiento. En segundo lugar, se supone que los profesores deben formarse en todo, continuamente, y que siempre serán insuficientes, lo que equivale a decir que no se formarán en nada. Es por tanto un sentimiento de prisa e insuficiencia que puede contribuir a que la formación sea sólo un fin y un medio, lo que genera una sensación de no ir a ningún lado a hacer nada (“sé mucho pero no sé qué hacer avec hola”). Respecto a los primeros, la información y tramitación que se dan de estas notificaciones generan lógicamente un fuerte sentimiento de investigación y corporativismo. Convertir la formación universitaria en una materia recurrente puede hacer que parezca irrelevante e incapaz de cubrir las necesidades reales de formación. Finalmente, la reiteración de este mensaje genera una respuesta positiva a las Administraciones educativas, que incluso pretenden promover la formación continua, intensiva y sin diagnóstico, manteniendo el foco en lo realmente importante, que puede permitir que el medio (la formación doctoral) se convierta en un fin en Bmismo.

Hay sitio para cada vez más y pocas empresas que defienden la formación y la actualización continua, para lo que se requiere estrategia, recursos y reconocimiento. En todo este proceso debemos omitir frecuentemente el papel que juega un papel en la formación de las administraciones educativas. Además de la educación y formación continua para el crecimiento profesional y personal, existen acciones encaminadas a la acreditación de los sexos. Esto está diseñado y/o autorizado por las comunidades autónomas, lo que les confiere un gran poder estratégico que aún no puede explotar mediante la dispersión de la oferta. Existe un gran potencial de éxito en la articulación de la formación en relación con los objetivos del sistema y la realidad educativa.

Además, tendremos que preocuparnos de las condiciones materiales en las que se realiza la formación. Un claro ejemplo de competencias lingüísticas y digitales. Los avances realizados en el conocimiento y acreditación de lenguas extranjeras y el uso de herramientas digitales por parte del profesorado han sido enormes en las últimas décadas. Sin embargo, los administradores se encargaron de esta transformación a medias, asegurándose de que los empleados que les pagaban y mantenían ocupados pudieran registrar y acreditar esta formación. En aquella época, el aumento de las necesidades de formación iba acompañado de una devaluación de las condiciones materiales que se daban en la formación. Se deben aplicar recursos para facilitar la formación dentro del horario de trabajo y administración, permitiendo retribuir el desarrollo de acciones puntuales, participación en congresos, licencias de estudio, etc. facilitar la docencia académica como profesor socido (real) y valorando la transferencia por ejemplo la participación en proyectos de investigación.

Hoy en día, la mayoría de los profesores realizan estudios de maestría, segundas carreras o doctorados para su desarrollo personal, el cual prácticamente no existe para ellos. El reconocimiento de estas acciones no sólo permite la promoción, sino que también permite dirigir y enfocar estratégicamente los esfuerzos colectivos. En una época en la que el profesor no era tan valorado, las críticas mal razonadas entrañaban grandes riesgos. Para ello es fundamental tener confianza y valorar los enormes avances realizados, sabiendo que lo mejor de las habilidades profesionales se venderá de la mano del estímulo, el incentivo y la acción.

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