Fernando Botero y el mercado de arte: precios record en subastas – Sectores – Economía

En los últimos 322 años se han registrado 38 precios que son récord mundial en subastas de arte. Y, luego de la muerte de Fernando Botero, uno de los más importantes de este escenario de la plástica, por las líneas de este artículo habrá trazos desde los del pintor neerlandés del siglo XVII Gerrit Dou hasta el escultor estadounidense de 68 años Jeff Koons, sin olvidar los nombres de Pablo Picasso o Leonardo da Vinci.

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Sin embargo, esta nota no es un texto sobre arte. En estos párrafos, esa realidad de la creatividad humana solo será el objeto de un mercado, es decir, una mercancía.

Un fenómeno que permite entender la misteriosa diferencia entre valor de uso y valor de cambio, el contraste aquel que explica por qué una tabla de nogal de menos de un tercio de metro cuadrado recubierta de pigmentos de aceite llega a ser comprada por el valor del petróleo que Colombia le vende al mundo durante nueve días: casi dos billones de pesos.

Botero se movió como pez en el agua. Al momento de su muerte, ocupaba el puesto 79 en el mundo de artistas best sellers

En ese estanque en el que flotan piezas inusuales manufacturadas por seres geniales y que se intercambian a precios que retan la razón y el buen juicio, Botero se movió como pez en el agua. Al momento de su muerte, hace algunos días, ocupaba el puesto 79 en el mundo de artistas best sellers en pujas de arte, con negociaciones por 25 millones de euros en el 2022, según el sitio especializado Artprice.com. El vendedor número 79, en un planeta de 8.000 mil millones de personas.

De hecho, en este momento hay 16 de sus obras programadas para subastas: 7 acuarelas, 5 esculturas y 4 pinturas.

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“Desde el viernes pasado –dice la arquitecta, museóloga y curadora de arte Lucrecia Piedrahíta– su obra ha subido a cifras muy altas porque su nombre pertenece a la historia de los grandes maestros del arte, y también a un mercado que espera ávido tenerlo en colecciones. Todos queremos ver dónde quedará la obra y qué futuro le espera para verla en grandes colecciones de museos internacionales donde ya le espera la sala que lo hospedará”.

Piedrahíta, que como directora del Museo de Antioquia fue gestora de la Donación Botero, en 1997, señala que para el maestro “las subastas dieron cuenta de las cifras altas que respaldaban la credibilidad en un artista vivo, consagrado y con una trayectoria verificable en museos y galerías de prestigio”.

En ese universo de las subastas, este año el valor más alto alcanzado ha sido el de Dama con abanico, del artista austriaco Gustav Klimt, obra que se elaboró en 1918. Se vendió el 27 de junio por el equivalente a 108 millones de dólares en la casa Sotheby’s de Londres.

Esa suma de dinero fue su valor de cambio en ese momento, su capacidad de intercambiarse por otros objetos mediante el lenguaje universal del dinero. Su valor de uso es la utilidad que le brinda al comprador anónimo que participó en la subasta desde Hong Kong. Un comprador que tal vez no valora, precisamente, la posibilidad de envolverse y abrigarse con ese cuadrado de tela de un metro por un metro. Tal vez no valora que la obra, como dicen por ahí, “le sale con las cortinas”.

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Tal vez era una pieza ansiada para ajustar el rompecabezas que pretende armar con su colección y para ese fin justificaba desembolsillar la suma que entregó. La virtud que ve cada individuo en la mercancía depende de necesidades, requerimientos o caprichos subjetivos, y de allí surge la forma en que valora la mercancía, su valor de uso, y el precio que estaría dispuesto a pagar por ella.

“Los coleccionistas y compradores –dice Piedrahíta– se dividen en dos grupos, los que compran porque invierten para apalancar un patrimonio ya sea institucional, familiar o personal, y los que lo hacen para lograr en sus círculos privados, rebosar los precios de subastas”.

Los primeros precios récord de arte en la historia

Sobre los precios récord alcanzados en las subastas, hay un registro que cubre más de tres siglos, logrado en un estudio de William Goetzmann, de la Universidad de Yale; la investigadora independiente Elena Mamonova, y Christophe Spaenjers, de la Escuela de Estudios Superiores de Comercio de París.

Detectaron 35 plusmarcas entre 1701 y 2013. Es decir que, en promedio, el récord de precio en subastas de arte se rompió cada nueve años y dos meses.

Obra ‘Salvator Mundi’, de Leonardo Da Vinci.

Los primeros cinco récords ubicados en su estudio son estos: 

1- 20 abril 1701 Gerrit Dou: Interior con mujer e hijo, Amsterdam (320 libras esterlinas)
2- 26 julio 1713 Van Dyck: Descanso en la huida a Egipto, Amsterdam (1.095 libras)
3- 7 octubre 1733 Van Dyck: Descanso en la huida a Egipto, Rotterdam (1.105 libras)
4- 31 julio 1771 Dou: Retrato en tres paneles formando un tríptico, Amsterdam (1.410 libras)
5- 19 mayo 1798 Rembrandt: El centurión, Coxe, Burrell y Foster, Londres (1.522 libras)

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Esos precios pueden verse irrisorios frente a los que se negocian en la actualidad. Claro, la inflación hace que las libras esterlinas de hace 300 años no sean iguales a las de hoy, sino que tuvieron un poder de compra muy superior. En precios actuales, el primer récord registrado en 1701 podría valer más de 50.000 libras (más de 240 millones de pesos). El precio ya no luce irrisorio, pero aun así está tremendamente lejos de los registros actuales. 

Los precios récord del arte más recientes

Si se completa la lista de Goetzmann, Mamonova y Spaenjers con datos posteriores al 2013, se pueden ver las cinco marcas más recientes, con sus respectivos precios, en este caso, expresados en dólares:

1- 4 mayo 2010 Picasso: Desnudo, hojas verdes y busto, Christie’s, Nueva York (US$ 106 millones)
2- 2 mayo 2012 Munch: El grito, Sotheby’s, Nueva York (US$ 120 millones)
3- 12 noviembre 2013 Bacon: Tres estudios de Lucian Freud, Christie’s, Nueva York (US$ 142 millones)
4- 10 noviembre 2015 Amedeo Modigliani: Desnudo acostado, Christie’s Nueva York (US$ 170,4 millones)
5- 15 noviembre 2017 Atribuido a Leonardo Da Vinci: Salvador del Mundo, Christie’s Nueva York (US$ 450,3 millones)

Estos precios son los mayores registros históricos en su momento alcanzados en subastas, pero hay algunos casos de negociaciones directas en los que puede haber precios superiores a los aquí registrados.

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Además, el comportamiento más reciente de este mercado muestra otro cambio importante, desde los años 80, cuando se presentaron las escalofriantes ventas récord de Van Gogh. El 30 de marzo del 87 uno de sus cuadros de Girasoles marcó el máximo histórico de 28,8 millones de dólares; ocho meses después, sus Lirios se remataron en 39,9 millones de dólares. Y en mayo de 1990 su Retrato del Dr. Gachet se subastó en 82,5 millones de dólares.

Estas tres ventas correspondían a un artista fallecido un siglo atrás, con el trágico ingrediente de que en vida no obtuvo su sustento de sus obras y solo está documentada la venta de un cuadro.

En cambio, en las ventas más cuantiosas recientes hay artistas vivos, como el Conejo de Jeff Koons, una de sus esculturas que imita la globoflexia de recreacionistas de piñatas, que se remató en 91 millones de dólares en el 2019.

Es evidente que los récords más recientes en subastas se vinieron rompiendo en periodos mucho más cortos que el promedio de nueve años para los más de 300 años anteriores. Pero con el salto tan grande de la última marca sería de esperar que pase mucho tiempo antes de que vuelva a haber un nuevo máximo histórico.

El precio que se pagó por Salvator Mundi fue 164 por ciento superior al del récord anterior, que se había registrado dos años atrás. Un valor de alrededor de 1,8 billones de pesos, para la obra de óleo sobre nogal de 45 cms de ancho por 66 cms de alto.

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¿El anónimo comprador lo hizo como inversión, para especular? Si el dueño anterior había adquirido la obra con ese fin, claramente logró su objetivo, pero el nuevo dueño quizás no llega con ese propósito, pues al subir el valor a casi el triple de la marca histórica anterior se reduce mucho la probabilidad de encontrar un interesado que le devuelva la inversión y le sume alguna rentabilidad, al menos en un plazo relativamente corto.

En todo caso, esta parcela del mundo del arte de los negocios está en plena temporada de subastas, y nadie sabe qué sorpresas pueda traer.

“Ponerles precio a un Van Gogh, un Leonardo da Vinci, un Paul Gauguin, a El beso y a la obra como tal de Gustav Klimt –dice Piedrahíta– es tan difícil como ponerles precio a las tantas miradas que han recibido esos artistas en la historia. Ahí hay una esencia espiritual de la obra. Que el mundo lo tase en términos de dinero jamás será equiparable a lo que significa estar parado de frente observando a estos grandes maestros entre los que, sin duda, Fernando Botero ya tiene un puesto de honor”.